Stephan Schmidheiny, el magnate del amianto y financiador de AVINA, ha tenido un verano aciago. Que los ricos también lloran

Escrito por Paco Puche
Julio de 2014

Dos refranes populares nos describen mejor la situación del magnate que cualquier otra manera de hacerlo. Es aquel que consuela al que espera, que afirma que “el tiempo pone las cosas en su sitio”, y es ese otro del que cree en la justicia natural, que está convencido de que “a cada cerdo le llega su San Martín”.

El segundo juicio de Turín
En efecto, el pasado día 1 de julio, la Stampa de Turín sacaba la siguiente noticia que titulaba así: “El ex director general de Eternit acusado de homicidio voluntario”; y subtitulaba como sigue: “Turín. Los fiscales definen a Schmidheiny como “terrorista” y “asesino en serie””1.
Si recordamos, Stephan Schmidheiny ya ha sido condenado hace un año, en un juicio de apelación, a 18 años de cárcel. Durante la tercera audiencia celebrada el 19 de febrero de 2013, ocurrió algo inédito, el juez Oggé comparó la estrategia de Eternit con la estrategia nazi de deportar judíos a Madagascar (de 1939 a 1941), un plan que más tarde fue reemplazado por los envíos a los campos de exterminio. La Stampa2    era muy contundente y hacia un “paralelo entre Schmidheiny y Hitler”, según se puede ver a continuación:

schmidheiny hitler

En aquel juicio se trataba de defender a más dos mil muertos y unos mil enfermos a causa de cuatros fábricas de amianto del magnate. La de Casale Monferrato, cerrada en 1986, aún hoy día mata a una persona por semana, porque el tiempo en que actúa el amianto es dilatado, hasta 40 o más años. Debe pagar unos cien millones de euros a las víctimas y a otros afectados, según la sentencia de apelación.

El nuevo juicio del que hemos tenido noticias, es por 213 nuevas víctimas de trabajadores y residentes en Casale Monferrato. La acusación, ya cerrada, ha sido formulada por los mismos fiscales que ganaron la anterior causa: Raffaele Guariniello y Gianfranco Colace, ellos son los que le llaman “terrorista” y “asesino en serie”. Le acusan de homicidio voluntario de 213 personas. La prensa recuerda que el abogado del magnate, Di Amato, después de oír la sentencia de apelación dijo con amargura “de esta manera no habrá un emprendedor que quiera invertir en Italia” (sic).

El polvo del amianto llega a Estados Unidos

Al día siguiente, el 2 de julio, al magnate filántropo le llegó el otro San Martín. El periódico NJ.com de New Jersey3 (EEUU) daba la siguiente noticia: “Un juez de New Brunswick ha adjudicado a 11 familias de Manville un total de 90.5 millones de dólares por la pérdida de familiares a causa de cánceres relacionado con el amianto”.

¿Y que tiene que ver el magnate Schmidheiny, el “asesino en serie”, con Manville, un pequeño pueblo de 10.000 habitantes de New Jersey? Lo siguiente. El gran oligopolio del amianto en EEUU y Canadá a lo largo del siglo XX se llamaba Johns Manville4. En EEUU no está prohibido el amianto pero las reclamaciones judiciales indemnizatorias son tan abundantes y los jueces tan “generosos” que los múltiples fallos judiciales a favor de las víctimas ha obligado a cerrar miles de empresas, entre ellas al gigante Johns Manville, que lo hizo en 1982 porque al tener más de 16.000 juicios pendiente se declaró en quiebra. Pero no le piden la indemnización a Johns Manville sino a Stephan Schmidheiny, o mejor a sus dos sociedades matrices, Becon y Anova, pues él personalmente tiene poca cosa a su nombre. No se puede actuar contra AVINA pues legalmente ha constituido un fideicomiso para hacer actuaciones de desarrollo sostenible en España y Latinoamérica, según dice. Pero esto es otra siniestra historia.

Así se explica el asunto. La familia Schmidheiny explotaba minas de amianto en Sudáfrica desde 1942 hasta 1992, año en que Stephan    vendió las empresas y se marchó aprovechando las leyes del país que responsabilizan a los titulares actuales de los daños infligidos en las minas. “En ese tiempo más de 55.000 personas han trabajado para las diversas empresas de los Schmidheiny bajo régimen de apartheid; la mayor parte de ellas eran negros privados de derechos”5. El amianto que sacaban de las minas lo exportaban a otros países, entre ellos a EEUU y concretamente a la empresa Johns Manville, que recibió amianto de la familia Schmidheiny desde Sudáfrica entre los años 1950 a 1980. Por eso lo condenan a 90 millones de dólares, por colaboradores necesarios. La que le viene encima a Stephan Schmidheiny no va a tener parangón con ningunas otras penas sufridas por un capitán de la industria de esta importancia, Previendo este aluvión de justas reclamaciones es que fundó AVINA para poner parte de su fortuna a buen recaudo.

AVINA en España

Con este retrato que presentamos de la figura de Schmidheiny, que ha sido llamado “asesino en serie”, “terrorista” y “nazi” entre otros apelativos y está condenado y perseguido por todas partes (se anuncia pronto una demanda en Nicaragua, cuya empresa la compartió con el dictador Somoza, por poner un ejemplo) cómo se puede explicar que tuviera su fundación filantrópica cierto éxito en España, en los movimientos sociales, desde el año 1999 hasta recientemente. Pues no se explica. Y menos que, una vez que se ha divulgado hasta la saciedad lo que significa AVINA (y Ashoka, fundación que comparte socios, ideas y financiación), Schmidheiny y el amianto los líderes cooptados por la fundación y los movimientos financiados por AVINA, estos beneficiados no hayan expresado su claro y público rechazo a esta siniestra colaboración y no hayan devuelto aún el dinero que han recibido (o lo han consumido en viajes, etc.) a sus verdaderos dueños: las miles de víctimas del amianto en el mundo que muchas de ellas se pudren en el anonimato. Quizás la complicidad que los jesuitas (¡qué diría el Papa si se enterase!) de España y Latinoamérica han tenido con el genocida, el cual los ha financiado, podría explicar este ominoso silencio que aún se cierne sobre AVINA. Porque como hemos dicho ya en varias ocasiones, AVINA/Ashoka han llegado a tener influencias en más de 21 movimientos sedicentes alternativos6.

Quizá lo peor haya sido que, después de las múltiples denuncias que hemos hecho contra AVINA y contra el magnate, de los juicios y de las publicaciones esclareciendo la verdad, gente como Víctor Viñuales y Xavier Pastor7, conocidos miembros del movimiento social, hayan tenido la osadía de firmar a favor Schmidheiny un documento de apoyo titulado “Debido respeto y reconocimiento”8, cerrado en octubre de 2012, cuando ya el magnate había sido condenado en primera instancia a 16 años de cárcel por sus crímenes (en 2013 le subirían la condena a 18 años). Ambos han recibido los favores de Schmidheiny.

Pero no solo eso, este mismo verano en un curso que organiza la UNED y Ashoka9 aparece como ponente Jerónimo Aguado a título de Presidente la Plataforma Rural. Este reconocido líder carismático rural, apoyado en una plétora de organizaciones alternativas, ha estado financiado por AVINA y Ashoka cerca de diez años, y después de ser reiteradamente denunciado, (y después que la Plataforma Rural ha llamado “asesina” a la iniciativa de Ashoka con la fundación y Monsanto para implantar en África los transgénicos) sigue de Presidente de la citada Plataforma. Y no solo no declara públicamente su error y se distancia de estas fundaciones asesinas sino que sigue de su mano. Y el resto de organizaciones que lo apoyan hacen el don Tancredo. El silencio de las buenas personas es muy nefasto.

Claro, que ahora en los tiempos de cambios profundos que se avecinan muchos de estos personajes tratan de aparecer junto a las nuevas corrientes, como es el caso de Pedro Arrojo, líder-socio de AVINA durante muchos años y entre los 200 preferidos por la organización en todo el mundo, va de embajador en la iniciativa ciudadana europea por el derecho al agua y lanza guiños a Podemos en lo que llama “la necesaria radicalidad de la democracia”. Pues ojo que ninguno de estos ha adjurado de su pasado por AVINA ni ha devuelto un duro a las víctimas. Sencillamente, no son de fiar10.

Como dijo Jordi Mir en la presentación de dos libros póstumos del llorado Paco Fernández Buey, en los cursos de verano de Málaga, “nos hemos acostumbrado a tolerar lo intolerable y es el momento de dejar de tolerarlo”.

Si seguimos la estela del refrán con que hemos arrancado este texto, concluiremos diciendo que a los silentes colaboradores de Schmidheiny, y a sus protectores necesarios, también les llegará su San Martín.

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Un pensamiento en “Stephan Schmidheiny, el magnate del amianto y financiador de AVINA, ha tenido un verano aciago. Que los ricos también lloran

  1. 18 agosto, 2015 a las 10:27 pm

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